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Jornada intensa en segundo día de Pa’l Norte

Con información de Martha Olvera.

Monterrey, NL., 29 de marzo de 2026.- El segundo acto de la epopeya musical en el Parque Fundidora amaneció con una inercia imparable. El sábado 28 de marzo, la decimocuarta edición del Tecate Pa’l Norte alcanzó su punto de ebullición, transformando el pulmón de Monterrey en un hervidero de decibelios donde la nostalgia del rock de estadios y el pulso del pop contemporáneo colisionaron de forma magistral. Desde los primeros compases de la tarde, quedó claro que el cansancio de la jornada inaugural era un mito; la audiencia, más numerosa y vibrante, se congregó con la mirada puesta en un cartel que prometía hitos históricos.

La tarde comenzó a teñirse de matices alternativos con la llegada de Nothing But Thieves. Los británicos, con una ejecución vocal que rayó en la perfección, demostraron por qué son la punta de lanza del rock moderno, logrando que el público regio se entregara a una descarga de energía eléctrica que sirvió como el combustible ideal para lo que vendría. Mientras tanto, en los escenarios aledaños, el talento local y nacional reclamaba su sitio; las hermanas de The Warning jugaron de locales ante una multitud que las recibió como las auténticas herederas del trono del rock, entregando un set potente que reafirmó su ascenso meteórico en la escena global.

A medida que el sol comenzaba a ocultarse tras el Cerro de la Silla, la atmósfera se tornó melódica y envolvente. Enjambre se apoderó de uno de los escenarios principales para celebrar su trayectoria con una audiencia que coreó cada verso de su rock de tintes clásicos, creando un puente perfecto hacia la explosión de ritmo que estaba por desatarse. Poco después, Los Fabulosos Cadillacs convirtieron el recinto en un carnaval infinito. La banda argentina, columna vertebral del rock latino, desató la euforia colectiva con himnos que han trascendido generaciones, transformando el Fundidora en una marea de baile y brazos en alto al ritmo de ska y reggae.

Sin embargo, el momento que definía esta jornada —y quizás todo el festival— ocurrió cuando las luces se apagaron para recibir a una de las leyendas vivas más grandes de la música: Guns N’ Roses. La aparición de Axl Rose y Slash en el escenario principal desató un rugido que pareció sacudir los cimientos de las antiguas acereras. Durante más de dos horas, la banda ofreció un recorrido por su catálogo legendario, donde los solos de guitarra de Slash y la incombustible presencia de Axl recordaron a los presentes la magnitud del rock de estadios. Fue un ejercicio de comunión generacional, donde padres e hijos compartieron la emoción de escuchar himnos que han definido décadas.

Fiel a su espíritu lúdico, el festival no permitió que la intensidad bajara ni un segundo gracias a su Escenario Sorpresa. En esta ocasión, la incredulidad y la alegría se mezclaron cuando las pantallas revelaron a figuras como la presencia disruptiva de Las Horóscopos de Durango, que volvieron a demostrar que en el Pa’l Norte las fronteras entre géneros son inexistentes y que la única regla es el disfrute total.

El cierre de la noche del sábado se extendió hasta las primeras horas de la madrugada bajo el dominio de la electrónica. Kygo, con su piano y una producción visual de ensueño, elevó los ánimos a través de una atmósfera tropical house que se sintió como una despedida épica para el segundo día. Al final de la jornada, entre fuegos artificiales y el eco de los últimos sintetizadores, el festival dejó claro que su lema «Siempre Ascendente» no es solo mercadotecnia, sino una realidad palpable que ha convertido a Monterrey en el centro del universo musical por un fin de semana inolvidable.

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