Cholula, Puebla, 23 de marzo de 2026.- La segunda edición del festival Resuena Dos Equis aterrizó este fin de semana en Puebla, consolidándose como un punto de reunión ineludible para la escena urbana. Sin embargo, más allá de las luces y la música, la experiencia en el recinto ofreció una narrativa de dos caras: una tarde de sonidos genéricos y una noche de leyendas que salvaron la jornada bajo el gélido clima de la Angelópolis.
A diferencia de otros eventos masivos como el Tecate Comuna, el acceso al Resuena destacó por una fluidez inusual. Sin el tráfico asfixiante de ediciones pasadas y con una organización más despejada —notándose la ausencia de los tradicionales puestos de comercio informal en las inmediaciones del estacionamiento—, el ingreso fue directo y sin escalas, para un día que prometía intensa energía y diversión, con grandes figuras de la música urbana a nivel internacional.

Aunque la afluencia fue menor a la de otros festivales de la región, la asistencia fue «la suficiente para hacer bola» sin llegar al agobio. Un punto a favor para el bolsillo de los asistentes fue el costo de los consumos; las bebidas y alimentos se mantuvieron en precios considerablemente más accesibles que en otros eventos, permitiendo que la michelada fuera la compañera constante de la tarde, que comenzó intensa con las presentación de La Santa y Olivia Wald en los escenarios Resuena y Dos Equis, respectivamente.
Durante las primeras horas, el escenario principal recibió a talentos emergentes como Destino, Alanis Yuki o el gran Luck Ra que sorprendió a toda la audiencia; no podía quedar de lado el talento de Omar Camacho y la gran experiencia sonora que Brytiago fue.







Eso sí, no podemos dejar de resaltar que el clima era cambiante, pero la energía seguía acumulándose con la presentación de un ‘viejo conocido’: MC DAVO, quien dio inicio al ritual esperado por todos, es decir, la llegada de un gran atardecer que por supuesto fue perfecto con la llegada de De La Rose, cuya propuesta visual y sonora recuerda lo intenso y poderoso de la música urbana.
Una vez que se dio la bienvenida a la oscuridad de la noche y a la fría noche poblada, DEI V dio todo de sí, ya que sabía que tenía el encargo de no dejar que los ánimos cayeran y menos cuando los reyes del género estaban a punto de llegar al escenario: Ivy Queen y Yandel, estaban a punto de hacer estallar la emoción.

La música en esta primera mitad del festival comenzó con gran vibra, pero fue mesurado hasta cierto punto, todo con tal de ir elevando la expectativa de lo que se iría viviendo en las siguiente horas. Entre beats que parecían clonados y letras que giraban obsesivamente sobre el lujo, las sustancias y la vida de excesos, la energía se mantuvo en un nivel ‘medio’ para quienes buscaban algo más que clichés urbanos.
Al caer la noche, y mientras el termómetro descendía drásticamente obligando a todos a recordar que en Puebla el frío no perdona después de las 9:00 p.m., la calidad artística dio un vuelco necesario para ‘calentar la velada’.
La «Potra”, Ivy Queen, dio una auténtica cátedra. A pesar de que el paso del tiempo le exige pausas para recuperarse, su presencia escénica demostró que el perreo puede ser elegante y respetuoso. Fue un recordatorio de que se puede encender la pista sin recurrir a líricas sin sentido.

Sin duda, el punto más alto del festival fue Yandel. La fusión del reggaetón con arreglos orquestales fue impecable. El intérprete mantuvo un ritmo frenético que no dejó descansar a la audiencia, elevando himnos como «Rakata» a una dimensión épica.

Después, con Omar Courtz hubo un ligero ‘bajón’. Queda en el aire la duda de su estatus como headliner en otros festivales del país, pues su set pasó sin pena ni gloria para los oídos más críticos.
Pero esto no desmotivo, sino que al contrario, Reas B derrochó magnetismo. Aunque su música invita al desenfreno, se percibió una curiosa contención, pero todos terminaron por corear cada palabra con sentimiento pero sin terminar de explotar en la euforia que el ritmo sugería.
Con un show visualmente potente y una energía bailable de principio a fin, Manuel Turizo cumplió con creces. Si bien su voz se percibió distinta a presentaciones previas —quizás por las condiciones climáticas o el audio—, su carisma y éxitos como «La Bachata» mantuvieron el calor en el foro.


El broche de oro oficial quedó en manos de Victor Mendivil. El fenómeno del regional urbano atrajo a una multitud de jóvenes que esperaron con ansias su aparición. No obstante, el cierre dejó mucho que desear en lo técnico y profesional: con una ejecución vocal cuestionable, letras de dudosa profundidad y el artista consumiendo media botella de alcohol apenas iniciada su presentación, el show se sintió fuera de lugar para la magnitud del evento.
A pesar de los altibajos musicales y el frío intenso, el Resuena Dos Equis 2026 cumplió su promesa de ser una jornada maratónica de baile. El festival se despide dejando una huella de éxito comercial, pero también la tarea de curar con más rigor los talentos emergentes para que estén a la altura de las leyendas que este año, definitivamente, cargaron con el peso del espectáculo.

